Fiestas y tradiciones de Ibiza.

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El mensaje de los pozos
Por Joanna Hruby
Desde que llegaron las primeras personas extranjeras a Ibiza hace más de sesenta años, esta pequeña isla mediterránea cubierta de pinos ha tenido algo indescriptible que atrae a buscadores espirituales de todo tipo. Beatniks, radicales, hippies y otras faunas han venido buscando nuevas formas de vivir y un sentido más profundo a la vida. Han traído a la isla una amplia gama de exóticas prácticas espirituales e ideas… pero, ¿qué hay de las tradiciones espirituales originarias de Ibiza? Tras el brillo de la nueva Ibiza, la isla tiene sus propios rituales ancestrales que conectan al pueblo ibicenco con su tierra y con los ciclos de la naturaleza. ¿Cuáles son estas antiguas tradiciones? ¿Contienen mensajes importantes para nosotros hoy, cuando Ibiza se enfrenta a los retos y consecuencias del turismo de masas?


Para poder contestar a estas preguntas, debemos primero viajar hacia atrás en el tiempo y comprender la vida en Ibiza antes de que llegasen los primeros extranjeros curiosos. Hasta mediados de siglo XX, Ibiza era una isla pobre, donde la mayoría de los habitantes dependían de la agricultura para subsistir. Con sus veranos largos, tórridos y secos, la clave de una cosecha exitosa (y por tanto del bienestar y de la supervivencia de la gente) era el acceso al agua dulce. Este precioso bien se extraía de los acuíferos subterráneos a través del sistema de pozos de la isla. De estas pequeñas estructuras de piedra encalada se dependía para proveer la sustancia esencial que alimentaba, nutría y sostenía al pueblo ibicenco. Además de este objetivo práctico, cumplían también una función cultural y espiritual más profunda.

Los pozos eran importantes lugares de encuentro social, dado que la mayoría de los pobladores vivían en enclaves rurales aislados. Eran apreciados símbolos de vida, fertilidad y renovación; lugares donde la gente daba las gracias a Tanit, la diosa que había sido adorada en Ibiza desde tiempos fenicios, hace más de 2.500 años. Algunos de los pozos más antiguos de Ibiza revelan rastros fascinantes de esta antigua devoción por la diosa, en forma de dibujos y símbolos pintados con un pigmento de un profundo carmesí, similar al singular tono ocre de la tierra de Ibiza. Uno de estos pozos es la Font d’en Miquelet, que se encuentra cerca de la carretera vieja que une Sant Mateu con Santa Gertrudis. El panel central de piedra de la cámara interna de este pozo mantiene los restos de un exquisito diseño del “árbol de la vida”, el símbolo arquetípico que conecta al mundo natural con el cosmos sagrado en mitologías de todo el mundo. Las escaleras del pozo de Font de Can Prats, cerca de Atzaró, llevan a un estrecho túnel que desciende bajo tierra. En el punto que está por encima de la fuente de agua, se vislumbran diseños geométricos que revelan un círculo rodeado de rayos que se extienden hacia fuera. Dicen que el día del solsticio de invierno, los rayos del sol entran en el túnel y se encuentran sobre este dibujo en su interior, simbolizando la unión sagrada de lo masculino y lo femenino.

Hoy en día, los viejos pozos de Ibiza y los antiguos rituales son de poco interés para los millones de turistas que visitan la isla cada año. Desde que empezó el auge del turismo de masas a finales de los 60, Ibiza ha estado estirando sus limitados recursos para dar cabida a una amplia población de temporada, que generalmente viene buscando sol, playa, mar y fiesta, todo lo cual tiene poco que ver con la ecología y las tradiciones rurales del interior de la isla. El turismo de masas ha tenido consecuencias dañinas para el entorno natural y cultural en muchas partes del mundo. Aquí en Ibiza estamos siendo testigos de la sobre-explotación turística en los mismos pozos y fuentes que un día se honraron y celebraron como el “alma” de la isla.


Las fuentes de aguas subterráneas, a las que recurrían los fenicios para recibir mensajes divinos, están anunciando su predicción alto y claro: «si seguimos como hasta ahora, Ibiza se quedará sin agua». Los hoteles, apartamentos y mansiones que decoran las costas de la isla utilizan cantidades de agua dulce totalmente insostenibles. Los niveles de agua en los acuíferos subterráneos han alcanzado niveles más bajos que nunca en los últimos años, y muchos de los pozos antiguos ya se han secado. Cultural y ecológicamente, el turismo de masas ha llevado a Ibiza a una encrucijada, y los pozos secos nos envían un claro mensaje: si habitamos un lugar pero despreciamos sus antiguas tradiciones y valores, entonces su esencia y su fuerza vital se marchitarán. Por tanto, ¿ahora qué?

Durante los últimos 50 años, el pueblo ibicenco ha creado una industria fructífera que ha supuesto nuevas oportunidades y abundancia para gran parte de la población. Pero la Ibiza de hoy, con su enorme afluencia de turistas y población extranjera, es una cultura fragmentada. La gran mayoría de esos visitantes, y el turismo de masas que los trae aquí, tienen escasa o nula comprensión de la historia, tradiciones, folklore y espiritualidad ancestral de la isla. Le corresponde al gobierno no solo controlar a los negocios que causan mayores daños ecológicos, sino también cambiar la imagen internacional de Ibiza, haciendo que su cultura auténtica sea más accesible y atractiva para los turistas. A través de un cambio de actitudes existe la oportunidad de desarrollar una forma de turismo nueva en la isla, más equilibrada, respetuosa y sostenible.

Mientras tanto, cada uno de nosotros puede empezar a cambiar las cosas. Muchas personas nos vimos atraídas por Ibiza debido a su libertad espiritual ecléctica y exótica, pero tal vez sea la hora de explorar una espiritualidad que está intrínsecamente conectada con la tierra que pisamos: los mitos, tradiciones y rituales que han conectado a la gente con esta tierra durante milenios. Una de estas tradiciones, que aún se practica activamente, puede encontrarse junto a muchos de los viejos pozos de la isla en las tardes-noches de verano donde se realizan antiguos bailes locales que se hacían en épocas de cosechas para dar las gracias a esos pozos por alimentar los cultivos de la isla. En estos encuentros llenos de vida y alegría verás fluir el vino payés en abundancia, acompañando a varias generaciones en su celebración de lo que ha sido reverenciado en esta “isla de la fiesta” durante más de dos mil años: las preciosas propiedades vitales del agua. Si podemos cultivar un espíritu similar de respeto por la misteriosa cultura ancestral ibicenca, entonces tal vez los pozos de la isla fluyan una vez más con ese agua vital.

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